El mundo ha dejado de ser unipolar. Atrás van quedando los días en que una sola nación —los Estados Unidos— marcaba la pauta global. Hoy, la realidad es otra: emergen nuevos polos de poder que transforman el panorama internacional.
Un ejemplo revelador fue el reciente desfile militar en China con motivo del Día de la Victoria sobre Japón. Más allá de una muestra de fuerza, fue un mensaje político claro: China se consolida como potencia y propone una agenda global pacífica, sostenible y centrada en la cooperación. La imagen fue imponente, pero más que intimidante, fue disuasoria, una declaración de que ya no es viable un mundo gobernado por un solo actor.
El eje de poder empieza a girar hacia una nueva alianza: China, Rusia e India han profundizado sus lazos estratégicos, económicos y diplomáticos. Según reportes de medios internacionales, durante los encuentros recientes entre estos países se firmaron múltiples acuerdos de cooperación. Lo interesante es que esta alianza no solo responde a intereses prácticos, sino a una visión compartida: la necesidad de un sistema internacional más equilibrado, donde se respete la soberanía de los Estados sin imposiciones externas.
Esta idea encuentra su mayor expresión en el bloque BRICS —Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica— que actúa como contrapeso al poder tradicional de Occidente. Con economías emergentes en rápido crecimiento, este grupo busca crear una nueva arquitectura financiera y política global. Sus objetivos incluyen reducir la dependencia del dólar, reformar organismos como el FMI y el Banco Mundial, y promover un orden multipolar basado en la cooperación entre iguales.
BRICS no es estático: cada vez más países se interesan en unirse o establecer relaciones cercanas. Su enfoque colaborativo representa una alternativa real frente al modelo dominante del siglo XX. En lugar de la subordinación a grandes potencias, plantea un esquema donde todos los actores tienen voz y oportunidades de desarrollo compartidas.
En este contexto, Colombia ha comenzado a dar pasos que reflejan una comprensión de estas nuevas dinámicas. El gobierno del presidente Gustavo Petro ha manifestado su intención de ingresar al Nuevo Banco de Desarrollo (NDB), creado por el BRICS, con el fin de diversificar fuentes de financiación y reducir la dependencia del FMI y el Banco Mundial. Este paso permitiría acceder a recursos para proyectos de infraestructura, salud, energía y sostenibilidad con condiciones más flexibles.
Como era de esperarse, sectores económicos tradicionales han expresado preocupación. Temen que un mayor acercamiento a BRICS pueda alejar a Colombia de su principal socio comercial, Estados Unidos. Sin embargo, la cuestión de fondo va más allá de una dicotomía simplista. Se trata de adaptarse a una nueva realidad internacional que ya está en marcha.
El debate que deberíamos dar como país no es si rompemos o no con el viejo orden, sino cómo nos insertamos con inteligencia en el nuevo. ¿Seguiremos anclados a esquemas de subordinación geopolítica? ¿O apostaremos por una política exterior más soberana, plural y orientada a la cooperación con múltiples actores?
El orden unipolar está dando paso a una configuración más diversa y compleja. No se trata de escoger bandos, sino de reconocer que el mundo ha cambiado. Coinspirar con los nuevos vientos de transformación puede abrir oportunidades inéditas para Colombia si se actúa con visión estratégica, sin dogmatismos ni temores infundados.
