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Reseñas
“Ahora y en la hora”: el azar, la guerra y las segundas oportunidades
enero 05, 2026

Hay libros que no se leen: se atraviesan. Eso ocurre con Ahora y en la hora, de Héctor Abad Faciolince, un texto en el que la literatura se ve obligada a caminar por el filo del horror sin dejar de preguntarse por el sentido de la vida. El libro de 222 páginas es, en esencia, un relato de viaje, pero no un viaje turístico ni contemplativo, sino uno que se ve interrumpido por la irrupción brutal de la guerra en Ucrania. Un viaje que, como tantos otros, cambia de rumbo por azar, por minutos de diferencia, por una decisión minúscula que termina marcando el límite entre la vida y la muerte.

Abad narra la historia real de una joven escritora ucraniana que muere bajo los bombardeos rusos en pleno estallido de la invasión. Su figura se vuelve un espejo roto que refleja el caos de una guerra que parecía ajena, distante, como si Europa hubiese aprendido la lección del siglo XX y estuviera vacunada contra las mismas pesadillas. Pero no. La historia insiste con una terquedad insoportable. Y esa insistencia deja muertos anónimos, ciudades arrasadas, familias desplazadas y talentos truncados, como el de esta escritora cuya vida se detuvo justo cuando comenzaba a florecer.

El libro es también una reflexión sobre la fragilidad, sobre la forma en que el destino nos toca el hombro sin avisar. Abad se cuestiona por qué unos regresan a casa y otros no. Por qué una vida se extingue mientras otra continúa. Es el interrogante que comparten quienes han sobrevivido a guerras, accidentes, pandemias o tragedias colectivas: ¿por qué yo sí? No hay una respuesta definitiva. Lo que queda es la conciencia de que caminamos con el azar como compañero de ruta, como ese pasajero silencioso que, de un momento a otro, decide cambiarlo todo.

En la guerra de Ucrania —como en todas las guerras— no hay épica limpia. Solo hay desmanes, sufrimiento innecesario, cadáveres de inocentes, y una geografía que muta a fuerza de escombros. La muerte de la joven escritora simboliza la interrupción de la palabra, la ruptura de la voz, la imposibilidad de narrar lo que se viva después. Por eso Abad escribe: para completar un relato que ella ya no puede terminar. Para conservar su nombre, su memoria, su rastro. Y al hacerlo, plantea una pregunta dolorosa: ¿cuántas historias no contadas deja cada guerra?

Pero Ahora y en la hora no se queda en el lamento. Al contrario, es un libro que busca, en medio de la oscuridad, una pequeña claridad. Esa claridad consiste en comprender que cada día es, literalmente, una segunda oportunidad. Que la vida no es un derecho irreversible sino un préstamo que puede vencerse en cualquier momento. Que aun cuando el mundo parece derrumbarse, siempre queda un resquicio desde el cual volver a empezar.

Esa mirada es profundamente humana y, en cierto modo, esperanzadora. No porque niegue el horror, sino porque lo reconoce sin renunciar a la vida. Abad nos recuerda que, incluso en tiempos de guerra, siguen naciendo niños, se siguen escribiendo poemas, se siguen cultivando jardines, se siguen dando abrazos. Y que esa persistencia de la vida es, en sí misma, una forma de resistencia.

Al terminar el libro, uno siente la necesidad de agradecer. Agradecer por el desayuno tibio, por la caminata segura, por los amigos, por el cuerpo que aún responde, por la voz que todavía narra. Agradecer porque seguimos aquí. Porque la vida —con todas sus incertidumbres— insiste en darnos nuevas horas y nuevos ahora.

Y quizá esa sea la enseñanza más honda del libro: mientras estemos vivos, la historia aún puede cambiar. Mientras podamos pronunciar nuestro propio “ahora y en la hora”, seguimos teniendo la posibilidad de elegir, de transformar, de volver a empezar. En un mundo asediado por guerras y violencias absurdas, esa conciencia no es un consuelo menor: es una reafirmación de la dignidad humana.

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