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Columnas del Director
La guerra no es una opción
abril 19, 2021

Por: Hugo Rincón González

Es costumbre para los gobiernos cuando se crispa el ambiente social, buscar una válvula de escape que permita desviar la atención a otros temas. La reforma tributaria ha hecho crecer la indignación de la gente en el país. No se entiende cómo en medio de una pandemia, con los bolsillos exangües de las personas, se pretenda aprobar seguramente a pupitrazo limpio en el congreso, semejante adefesio. Esta iniciativa gubernamental concita el rechazo de las mayorías del país y por ello se quieren poner en la agenda política otros temas, uno de ellos de enorme peligro para la convivencia y la paz con un país hermano y vecino.

Sucedió este fin de semana y se presentó a través de todos los medios. En televisión se veía el despliegue armamentístico de las fuerzas armadas colombianas en una zona fronteriza con Venezuela en el departamento de la Guajira. El ministro de defensa, Diego Molano presidió los actos militares, mostrándole los dientes al país vecino manifestó que: “la protección de los colombianos es un compromiso que va desde La Guajira hasta el Amazonas. Por eso disponemos de esta Fuerza Combinada para garantizar la tranquilidad de los colombianos y protegerlos de cualquier amenaza que interfiera con su seguridad”. Todo este despliegue guerrerista mientras resaltaba las labores de los militares colombianos en el cuidado de los connacionales.

Del otro lado, en Venezuela, los militares de ese país hacían un despliegue similar en el estado de Apure. Debemos recordar que en los últimos días se han venido desarrollando cruentos combates de los miembros de la fuerza armada venezolana con grupos insurgentes, especialmente, las disidencias de las Farc. En esta confrontación han caído no solamente guerrilleros colombianos sino también miembros del ejército del país vecino.

Y es que la tensión viene creciendo debido a estos asuntos y por los señalamientos mutuos que se han hecho por parte de representantes de ambos gobiernos. Señalaba la prensa que el primer vicepresidente del gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) Diosdado Cabello, dijo en días anteriores que “Colombia le facilita el camino a Estados Unidos para “atacar” a su país y aseguró que, de haber una guerra con la nación andina, se llevaría a cabo en territorio colombiano”. Debemos recordar que un momento del pasado, un militar venezolano señalaba cuales eran los puntos estratégicos que en una hipotética guerra con nuestro país se deberían destruir.

Los señalamientos pugnaces van y vienen. Cada uno señala al otro de narco dictadura. A ambos gobernantes les sirve desviar la atención con una eventual confrontación. Aquí se juega también la geopolítica. Para el gobierno colombiano, Venezuela está gobernado por un tirano cada vez más dependiente de Rusia y para el gobierno venezolano, nuestro país es y ha sido un furgón de cola del imperialismo norteamericano. Una retórica que en la medida que escale se volverá más peligrosa, especialmente por el polvorín en que se ha convertido la frontera en el departamento de Arauca. Allí cualquier hecho violento que involucre a las fuerzas armadas de los dos países puede degenerar en una confrontación bélica a mayor escala.

Ese escalamiento de la confrontación con Venezuela explica el interés del gobierno del presidente Duque de gastar 4.000 millones de dólares en plena pandemia, para adquirir aviones de combate de última tecnología aduciendo razones de seguridad nacional. Un peligroso juego que puede desatar una guerra absurda que serviría para profundizar la crisis enorme que vive el país.

Atrás quedaron las manifestaciones que Colombia y Venezuela eran los mejores amigos. Atrás quedó su papel de facilitador de diálogos que contribuyeron a la negociación política con las Farc. Hoy nos quieren vender la narrativa peligrosa de que son nuestros enemigos y por posturas intransigentes quieren desatar una confrontación bélica a todas luces peligrosa e indeseable.

Quisiéramos ver un gobierno preocupado por la solución de los grandes problemas nacionales y no uno que, por desviar la atención de esos problemas, nos conduzca al abismo del horror que supondría una guerra.

Definitivamente la guerra no es una opción.

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